Publicado a finales de 2023, un estudio recogido por la revista Nature se encargaba de analizar cómo evolucionaría el cambio climático la temperatura de la Tierra cuando, dentro de 250 millones de años, las placas tectónicas hayan modificado nuestra orografía hasta volver a unir nuestros países en un supercontinente conocido como Pangea Última. Como producto de esos movimientos, España será uno de los pocos terrenos donde los humanos podremos seguir viviendo.
El artículo, titulado "es probable que los extremos climáticos impulsen la extinción de los mamíferos terrestres durante la próxima unión en un supercontinente", analizaba los cambios provocados por la emergencia climática y añadía los problemas generados por el CO2 emitido por los volcanes, el aumento de la energía solar, y cómo la extensión de tierra sin mares y océanos cercanos propuesta por Pangea Última impulsaría aún más las temperaturas en ciertas zonas del planeta.
De una superficie habitable del 66%, la actual, pasaríamos a una de apenas el 8% con una temperatura anual promedio de 35,1°C frente a la de 5,3°C que ofrece la Tierra hoy en día. Países como Inglaterra, Francia, Canadá, Marruecos o la propia España se desplazarían hacia la zona que a día de hoy ocupa el Océano Ártico convirtiéndose en zonas más aptas para la supervivencia de mamíferos.
En el hemisferio sur, en cambio, serán zonas como el sur de Argentina, Chile, Indonesia y Australia las que terminen siendo las más habitables gracias a temperaturas más óptimas para la vida ocupando parte del territorio que a día de hoy forma la Antártida.
Un fin del mundo que sabe a ciencia ficción
La hipótesis de Pangea Última se remonta a 1982, cuando Christopher Scotese analizó los ciclos de formación y rotura de continentes para analizar hacia dónde se moverían nuestros países actuales siguiendo los patrones vistos hasta el momento.
Scotese puntualizó que la aleatoriedad del movimiento de las placas tectónicas hacen que sea difícil prever qué ocurrirá en el futuro, especialmente con tantos años de diferencia, pero ya entonces reflejó que las temperaturas de gran parte de ese supercontinente alcanzarían los 55°C convirtiendo lo que hoy son terrenos fértiles en un árido desierto.
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