Los tiránidos de Warhammer 40.000 ya daban bastante miedo, hasta que te das cuenta de qué están hechas sus naves, armas y hasta proyectiles

Los tiránidos de Warhammer 40.000 ya daban bastante miedo, hasta que te das cuenta de qué están hechas sus naves, armas y hasta proyectiles

Un vistazo a los biomorfos, un tipo de criatura que está muy presente en las mesas de Games Workshop y que no todo el mundo conoce por su verdadera naturaleza

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Imagen de tiránidos
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Mario Gómez

Editor Senior

Si no estás muy metido en el universo Warhammer 40.000, es posible que te sorprendiese ver que las armas de fuego que llevan algunos tiránidos en Space Marine 2 tienen ojos. Y en ese caso, apostaría a que te sorprenderá más aún saber que eso ocurre porque esas armas están técnicamente vivas: es lo que en el universo 'grimdark' de Games Workshop se considera un biomorfo.

Los tiránidos —de las facciones más apasionantes de 40K, si me preguntas a mí— arrasan planetas enteros para saquear su biomasa, que es el recurso más poderoso para unas criaturas perfectamente capaces de evolucionar para adaptarse a sus necesidades. Si sus enemigos desarrollan armaduras más densas, entonces les crecerán garras más afiladas o penetrantes; y si les atacan por el aire, entonces obtendrán alas para mantener el ritmo.

Esas "mejoras" son los biomorfos de los que hablamos: dispositivos bio-mecánicos o mutaciones intencionales del genoma que mantienen a los tiránidos funcionando como una vorágine de destrucción. Cualquiera que se haga con un códice dedicado encontrará una generosa cantidad de estos, que van desde glándulas capaces de producir o disparar ácido ardiendo hasta armas técnicamente paralelas a espadas; así como una de mis favoritas: simbiontes que disparan gusanos corrosivos.

Biomorfos y los tiránidos

Dicho de otro modo, todo en los tiránidos es en realidad un organismo vivo; incluyendo las armas e incluso los proyectiles que salen de ellas. Hasta las naves espaciales que usan para desplazarse de un planeta a otro son criaturas enormes que alojan infinidad de monstruos en su interior. En lugar de usar pólvora como accionador, sus armas de fuego simplemente vomitan su contenido con un espasmo violento que propulsa el parásito que tuviera dentro hacia el enemigo.

Biomorfo

Tal vez todo esto suene extraño sobre el papel, pero debes tener en cuenta que Warhammer 40.000 no deja de ser un juego de mesa en el que existe una importante fase de disparo en los turnos de cada jugador; así que entre garras y dientes debe haber algo a distancia también, aunque sea en peores condiciones que las de otras facciones más avanzadas tecnológicamente.

También funciona así porque parte de lo que hace únicos a los ejércitos de 40K es que su equipamiento es personalizable: aunque la cosa varía de una edición a otra, una parte indivisible del juego radica en elegir las armas y armaduras de tus combatientes para encontrar sinergias entre estas, sus habilidades y el rol que quieras que desempeñen en el campo. Pero esa necesidad práctica crea también muchas cosas interesantes para los eruditos del lore.

Por ejemplo, a mí me resultó curioso aprender que debido a cómo funciona el enjambre tiránido, que es una mente colmena guiada por un único pensador, en ocasiones encontramos que los biomorfos son el verdadero "huésped" y la criatura que los lleva entre las manos no es más que un títere grande y rabioso. Eso quiere decir que algunas armas, en efecto, se mueven y apuntan solas según cómo las dirija la Mente que gestiona el ejército entero.

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