Ya no intento verlo todo en un videojuego y es lo mejor que me ha pasado como jugador

Ya no intento verlo todo en un videojuego y es lo mejor que me ha pasado como jugador

Los videojuegos han crecido tanto que intentar completarlos es agotador. Aprender a dejar contenido sin ver ha cambiado mi forma de jugar

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Jugadores No Completistas
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Alfonso Gómez

Colaborador

Pasarse un videojuego al 100% es, en la mayoría de los casos, una trampa mental. Un espejismo que te hace creer que vas a dominarlo todo, ver cada rincón, exprimir hasta la última línea de diálogo… cuando, en realidad, te estás convirtiendo en un oficinista del ocio, un esclavo del marcador de progreso. Y lo peor es que los juegos actuales te empujan a esa trampa con una sonrisa.

Hace años, cuando un juego duraba diez horas y tenía cuatro secretos bien escondidos, el completismo era una meta razonable. Ahora, con mundos abiertos más grandes que la vida real, con misiones secundarias que se reproducen como conejos y con finales alternativos que dependen de si decidiste toser en dirección al NPC equivocado, la idea de "verlo todo" es una quimera ridícula. Lo sé porque yo he sido un prisionero de esa mentalidad. Hasta que aprendí a soltar.

Cuando el mapa se convierte en tu jefe

Todo empezó con The Witcher 3. En teoría, el juego perfecto para mí: rol, historia profunda, un mundo riquísimo… Pero había un problema. Cuando miraba el mapa, veía un infierno cartográfico lleno de interrogantes. No eran localizaciones, eran obligaciones. Grutas, asentamientos, tesoros ocultos, misiones que me exigían nadar hasta una islita de mierda en medio del océano para encontrar un cofre con un pantalón peor que el que llevaba puesto. Lo hice. Durante horas. Durante días. Durante demasiado tiempo.

Cuando un juego duraba diez horas y tenía cuatro secretos bien escondidos, el completismo era una meta razonable

Hasta que un día, tras veinte horas atrapado en un ciclo de "limpiar mapa", me di cuenta de que no estaba disfrutando. Que no estaba viviendo la historia, ni conociendo a los personajes, ni siquiera explorando por gusto. Estaba trabajando en un maldito Excel interactivo. Así que hice algo que antes me habría parecido una herejía: dejé puntos sin explorar. Dejé misiones sin hacer. Avancé sin mirar atrás. Y de repente, The Witcher 3 se transformó en algo maravilloso. La historia fluyó. Mis decisiones pesaron más. Se sintió vivo. Porque el mundo no estaba esperando a que yo lo exprimiera al 100%, sino que seguía su curso sin mí.

Jugador No Completista 5 The Witcher 3

El síndrome del "¿y si me pierdo algo?"

Este cambio de mentalidad no fue fácil. Durante años, había interiorizado el miedo de perderme contenido. Cada vez que un NPC mencionaba una localización misteriosa, sentía la obligación de ir. Cada vez que aparecía un nuevo icono en el mapa, me sentía culpable por ignorarlo.

La mayoría de los juegos con mapas gigantescos tienen el mismo problema

Es lo que yo llamo el Síndrome del "¿y si me pierdo algo?", una enfermedad moderna que nos ha convertido en turistas ansiosos dentro de los videojuegos. Antes, cuando jugábamos de niños, no nos preocupábamos por ver el 100%. Simplemente jugábamos. Descubríamos cosas por accidente, sin miedo a que algo se nos escapara. Pero ahora, con los foros, las guías, los gameplays en YouTube y los análisis exhaustivos, parece que hay una manera "correcta" de jugar cada juego. Y la verdad es que no la hay.

The Witcher 3 fue mi primer gran despertar, pero todavía tuve recaídas. Assassin’s Creed Odyssey fue una de ellas. Ahí estaba yo otra vez, obsesionado con "vaciar" un mapa que se llenaba más rápido de lo que podía limpiarlo. Lo que empezó como una aventura épica por la antigua Grecia acabó siendo un simulador de control de plagas. Cada icono tachado en el mapa se multiplicaba por tres. Era como intentar vaciar el océano con un cubo.

Jugador No Completista 1 Starfield

Ahí entendí la verdad definitiva: los juegos ya no quieren que los completes. Quieren atraparte para siempre. Mira Starfield. ¿De verdad alguien cree que es viable explorar sus mil planetas? Bethesda te da un universo entero para jugar, pero no con la idea de que lo explores todo, sino con la esperanza de que te pierdas en él indefinidamente.

Y lo peor es que, en muchos casos, todo este contenido extra no aporta nada real. La mayoría de los juegos con mapas gigantescos tienen el mismo problema: su mundo está lleno de actividades repetitivas, de checklist, de tareas de relleno. Ir a un punto del mapa, matar a unos enemigos, recoger una recompensa, repetir hasta el infinito. ¿Dónde quedó la emoción del descubrimiento?

El alma de un juego no está en sus listas de tareas

Cuando solté la mentalidad completista, me di cuenta de algo clave: las mejores experiencias no vienen de haberlo visto todo, sino de haber vivido lo que el juego me ofreció de forma orgánica. Elden Ring me lo enseñó de la mejor manera posible. Desde el primer minuto, el mundo se abre sin explicaciones. Hay jefes escondidos, mazmorras opcionales, personajes que solo aparecen bajo condiciones absurdas… y no hay forma humana de verlo todo en una partida. Y eso es hermoso. Porque convierte cada viaje en algo personal. Porque me obligó a aceptar la pérdida, a asumir que hay partes del mundo que nunca veré. Y, en vez de frustrarme, eso lo hizo aún más mágico.

Jugador No Completista 2 Baldur's Gate 3

La mentalidad del completismo nos ha hecho olvidar lo básico: los videojuegos no son un trabajo. No son una colección de casillas que marcar. No son una lista de tareas pendientes. Desde que cambié mi forma de jugar, he vuelto a sentir lo que experimentaba cuando era niño. Ese placer de perderme en un mundo sin presión. De tomar mis propias decisiones sin miedo a perderme "el mejor final" o "la misión oculta más espectacular".

El Síndrome del "¿y si me pierdo algo?" nos ha convertido en turistas ansiosos

Y lo mejor de todo es que cada conversación con otros jugadores es diferente. Antes, cuando hablaba con amigos sobre un juego, todos habíamos tenido la misma experiencia: los mismos eventos, las mismas cinemáticas, los mismos giros argumentales. Ahora, con juegos como Baldur's Gate 3, descubro que lo que yo viví puede ser completamente distinto a lo que vivió otra persona. Y me encanta. Porque eso significa que mi historia fue mía.

Jugador No Completista 3 Zelda: Tears of the Kingdom

¿Cuántos juegos has abandonado por intentar hacerlo todo?

Esa es la pregunta clave. Intentar verlo todo no solo quita la magia del descubrimiento, sino que hace que termines dejando juegos a medias. Te agobias. Te saturas. Lo dejas para "más adelante". Y al final, nunca vuelves. Y la realidad es que no estamos obligados a ver cada rincón, a hablar con cada NPC, a abrir cada cofre. A veces, es más emocionante seguir adelante sin saber qué había en esa cueva que dejaste atrás. Porque el misterio también forma parte de la experiencia.

Ahora juego como cuando era un niño. Sin la presión de completar un recuento de logros

Entonces, ¿qué pasa si dejas esa misión secundaria pendiente? ¿Y si no buscas cada maldito coleccionable en Zelda: Tears of the Kingdom? Te darás cuenta de que hay una sensación de libertad que aparece cuando te permites no completarlo todo. Es como dejar espacio para que el juego te sorprenda de nuevo, sin tener que seguir una lista rígida de actividades. La magia se encuentra en lo inesperado, en el camino que no habías planeado recorrer. Y, sobre todo, en lo que queda por descubrir.

Jugador No Completista 4 The Witcher 3

En mi caso, ahora juego a los videojuegos como jugaba cuando era un niño. Sin la presión de estar buscando completar un recuento de logros, sin pensar que debo obtener el 100% en cada juego. Me he permitido perderme en el mapa. Y sabes qué, me encanta. Al final, todos estamos buscando lo mismo en un videojuego: vivir una experiencia única. Pero la realidad es que la obsesión por completar el contenido adicional nos impide tener esa experiencia de forma auténtica. Nos centramos tanto en "hacer todo" que olvidamos lo esencial: jugar.

Así que te pregunto: ¿realmente estás disfrutando cuando intentas completarlo todo, o solo sigues el impulso de no perderte nada? Y más importante aún: ¿cuántas historias te has perdido por el camino, solo porque intentaste verlo todo en vez de dejarte llevar?

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